• Erotismo Clase A 

    Cuentos - Historias - Poemas - Reflexiones 

    Anaclara Revori

     

  • HOY

    Hoy que escucho, hoy que veo, hoy que la realidad se posó ante mí, hoy que siento más fuerte que nunca, hoy, aunque me duele, voy a tener que despedirme de vos; hoy, aunque no quiera, sé que es para siempre. Pero aunque tenga que decirte adiós no tengo miedo, porque él me toma de la mano, porque él seca mis lágrimas, porque él besa mis penas y las transforma en sonrisas sinceras, porque me mira, porque sabe cómo hacerme feliz, porque me cuida, porque quizá fue hecho para mí. Hoy te digo adiós, sin deseos de cruzarte, porque esta dama encontró un caballero que la lleva para otra parte.

  • LA LLAMA

    La llama La llama baila al compás del viento, se asusta con el agua y con los bostezos del invierno, se impone ante el hielo, pero le teme al rocío. Esa llama que es calor sincero, que solo se apaga si la consume su fuego. Se viste de azul y rojo. Delgada, pero fuerte, no permite que la roces. Convierte el ambiente, lo tiñe en luz tenue y te abriga un poquito para no extinguirse. La llama, esos ojos de lujuria que esperan perderse ardiendo por siempre. Hambrienta de sexo, regala hasta a la más pobre compañía. Abraza al mendigo, lo desnuda poco a poco, lo hipnotiza, lo besa, lo abrasa y poco a poco lo va guiando hacia un sueño. Por momentos lo ama; sin miedo a que él le tema, lo quema; cuando suda, lo aparta, lo seca, lo calienta. La llama que busca seguir viva en la tierra, donde habita el deseo. Esa llama que incentiva, que te empuja hacia el infierno. Es lujuria, es pecado. Rompe con los diez mandamientos. Te transforma, te excita, te masturba y poco a poco te va consumiendo. Ya no quedan más caricias, ni vestido azul, ni rojo, ni calor sincero; se ha esfumado, se transformó en humo, se ha vuelto gris invierno, se fue buscando a otro ser humano que se someta a sus misterios.

  • YO

    Me busco entre las sombras de un espejo, busco y busco; no encuentro mi reflejo. Me asusto, tengo miedo de perderme, aunque a veces me da miedo encontrarme. Lloro si no veo lo que quiero, hago formas, muecas, movimientos para conseguirlo. A veces me lastimo y lloro aunque no duela. Una vez, de tanto buscarme y no encontrarme, caí al suelo, me sentía rara, mareada y la cara me dolía; supe que había atentado con lo que veía. Me paralicé al ver lo que había hecho, pero era invierno y llovía; eso calma mis sentimientos suicidas. Lloré por no conseguir lo que quería, quedándome ciega para dejar de ver lo que veía. Entonces imaginé que era la más bella y me quede asombrada mirando mi reflejo; por cada lugar que pasaba admiraba mi belleza. En un lago congelado, me quedé petrificada; había encontrado el amor en esas aguas que hibernaban. De ahí no me moví hasta que llegó la primavera. Mientras las plantas florecían y el sol calentaba las veredas, me asfixiaba al ver cara nuevas, pero el reflejo del lago, cara bella, cara vieja, me acompañaba. Muchos lo miraban, lo percibían, lo deseaban y yo tenía miedo de que me abandonara. Es mío, grité a los cuatro vientos. Quedándome sin aire, me hundí en un profundo sueño. Donde estoy no hay espejos, no existen los reflejos, y mi amor del lago ha decidido marcharse, abriéndome los ojos; dejé de ver lo que quiero, me convertí en nadie, quedando perdida en el olvido. Me enamoré de mí, soy Narciso. Me hundí en mi egocentrismo.

  • GORDA DE MIERDA 

    Soy lo que soy. El espejo me lo dice cada vez que miro mi reflejo en él, las sombras me dibujan cada vez que camino a contraluz. Me conozco cada vez que mis manos recorren mi cuerpo, me voy dando cuenta de lo que tengo, de lo que me falta y lo que me sobra. Mientras más me conozco, más me odio y más me odian. Soy esas miradas de desprecio, de discriminación, soy eso que la gente considera horrible. Soy lo que soy, y siempre me lo dijeron.

    Soy lo que soy y hoy grito para intentar cambiarlo. Soy lo que soy y siempre me lo hiciste notar... lo dijiste y no te cansaste de repetirlo, siempre me juzgaste por lo que me tocó ser... nunca te pusiste en mi piel, ni recibiste las balas que el mundo me dispara cada vez que me miran o que cada verso me disminuye como persona. Sos lo que sos, siempre me criticaste, sos lo que sos y siempre lo vas a ser, y yo así lo asumí y lo viví. Soy lo que soy y siempre voy a ser una gorda de mierda.

  • SALVAME

    Me enloquece que estés atado a un amor tan enfermizo que no te deje ver quién te ama en realidad. Me enloquece no poder decirte cuánto te necesito, por temor a quebrar tu felicidad. Estoy atada a tu nombre, víctima de tus encantos. Me dejé arrastrar y ahora estoy como un perro esperando para entrar no bien abras las puertas de tu corazón.

    No hay forma de llegar a verdades absolutas, pero sí de acercarse a una realidad que conviene mirar objetivamente, analizarla desde lejos sin que los sentimientos permitan hacer conjeturas, porque si las mezclas, si vives esas realidades, tal vez no quieran salir, tal vez te lastimes, o tal vez simplemente te des cuenta de cuán mejor es vivir una mentira.

  • UNAS PALABRAS DE AMOR

    Lo amaba… y cómo lo amaba. Él era… era mi todo, mi luz, mi aire, mi sol. Era mi paz, mi armonía, mi guerra, mi locura… más que nada era mi locura. Estando con él sentía que… que éramos una sola respiración, un solo corazón, dos personas unidas en una sola alma. Recuerdo bien cuando me tomaba entre sus brazos, sentía que ya nada importaba porque… porque sabía que aunque el mundo se derrumbase frente a mí, aunque estuviese caminando por la cornisa, él iba a ser mi sostén, iba a estar para mí. Rara vez hacíamos el amor, pero cuando lo hacíamos era amor del bueno, ese de las películas, el que te da ganas de estar enamorado, ese que se cree no llegar a tener. Le gustaba ir arriba, ser quien me controlaba, quien me protegía, el único capaz de hacerme sentir plena. Me abrazaba con fuerza mientras yo le susurraba al oído que acabáramos juntos y luego lo besaba apasionadamente. Eso lo volvía loco. Nos enamoraba más. Todos los días, no importaba en qué momento, teníamos sexo desenfrenado, sexo del bueno, de ese que se ve en esas películas, todas las noches… excepto en las que hacíamos el amor. Tener sexo con él era algo del otro mundo. Hacerlo con él y morder el fruto prohibido era prácticamente lo mismo, un pecado tan grave que serías desterrado del paraíso por siempre para acabar en el infierno. Porque era como una droga… Me hacía adicta y cada vez quería más y más de él, y para mi suerte estaba para saciarme, perdiendo las horas dentro de su cuerpo. Su manera de conquistarme era siempre la misma, y a pesar de eso, de conocerlo de memoria, todavía no sé cómo terminábamos desnudos enredados entre las sábanas. Con él todo era una locura… mi locura. Siempre era la misma mágica escena. Llegaba del trabajo agotado, tiraba todo por el suelo y me besaba con pasión recorriendo con su lengua cada parte de mi cuerpo, y de alguna

    manera terminábamos revolcándonos por algún rincón de mi casa… qué excitante era… Pero como todos sabemos, no todo en la vida es color de rosa y no todos los cuentos tienen un final feliz… pero más que nada, no hay ser humano perfecto. Y él no era la excepción, no era ni tan perfecto, ni tan soñado, ni tan mío como yo lo creía… pero yo estaba loca por él, enceguecida de amor… Y así, tan enamorada, tan ciega, fue como lo vi en mi cama revolcándose con otra y fue entonces cuando recordé las hermosas palabras que nos había regalado el sacerdote nuestra noche de bodas: “¿Prometes amarla, respetarla y serle fiel en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separe?”. Y me vi vestida de blanco, tan pura, tan virgen, tan ilusa, diciendo con firmeza: “¡Sí, prometo!”, así que no dudé ni un instante en cumplir con la palabra que rige al sagrado matrimonio… hasta que la muerte los separe.

    Y así fue.

  • MUÑECA DE CRISTAL

    En el amor y en la guerra todo vale, pero cómo darle guerra a esa muñequita de cabellos rizados que le llegaban hasta la cintura, cómo darle guerra a esa mujercita con cara de porcelana. Mi amor por él era enorme y estaba dispuesta a ganar cualquier batalla y dar pelea hasta caer muerta en el suelo. Amaba tanto a ese hombre que no dejaría que otra mujer gobernase su corazón, pero se me cruzó esa niña en el camino, era puro amor y no había guerra que ganarle. Era hermosa, una carita delicada, como si hubiese sido tallada por los mismos ángeles, su cuerpo era un oasis, lleno de agua para el más sediento de los hombres que caminase por el desierto. Tenía una picardía en sus ojos y se notaba su juventud en cada paso que daba, no estaba completa como yo, pero era tan pequeña, tan minúscula, tan perfecta. Qué guerra podría ganar con esa princesita que le había robado el corazón a mi amado. Pura como el agua, era una santa niña que se había enamorado del mismo diablo, un hombre tan hermoso y capaz de hacer añicos a cualquiera que se interpusiese en su camino, era dueño y señor de mujer que se le cruzase, pero nadie podía dominar su corazón. Sin embargo, yo estaba dispuesta a arrebatárselo, a hacerme su dueña, a guardar su alma solo para mí, hasta que ese angelito se cruzó en mi camino. No sabía su nombre y jamás la había visto en mi vida, pero no hacía falta conocerla para descifrar que ella era amor puro y que, al igual que yo, se había rendido antes los encantos de este galán, y así este hombre se hizo tan protagonista de mi vida como de la de ella. Claro está que el muchacho en cuestión también se maravilló ante la belleza de la pequeña princesita, y fue justo en ese momento cuando mi corazón se quebró y mi alma se llenó de celos, al ver la cara de mi amado derritiéndose por la bella cenicienta, y yo, que mi único delito había sido amarlo profundamente, rompía en llanto en la oscuridad de mi habitación. Ente la ira, los celos y el amor decidí comenzar la guerra y ganarme al hombre en disputa, pero ella, tan inocente, tan ingenua, alzó bandera blanca y se rindió ante mi grito desesperado que aclamaba el amor de ese hombre.

    Ni mi nombre sabía, pero no quería que yo sufriese. Hija de Dios con la que me había encontrado, por qué luchar contra el más bello de los ángeles, si el solo verla sonreír era causante de miles de alegrías. Entonces, mi amado, te dejo que te enfrentes a la misma batalla que Romeo sufrió por su Julieta. Aunque no eres digna de ella, porque la harás sufrir, yo saco bandera blanca y en la oscuridad de mi cuarto junto los pedazos de mi corazón, porque ese ángel es feliz contigo y mi vida no puede seguir tu camino. Mi amor, te amo, y porque te amo me rindo ante los ojos de esa muñequita de porcelana que te hacen tan feliz. Bésala, abrázala, cuídala, pero más que nada ámala, porque esa mariposa que tienes a tu lado algún día puede volver a volar y posarse en otra flor o, simplemente, puede morir por la falta de tu corazón.

  • EN EL FINAL 

    Ya está, el dolor se ha vuelto finito y por fin soy paz. Me he vuelto aire, para ser solo una brisa cálida que abraza a quien necesite consuelo. Hoy, por más que he dejado corazones rotos y amigos llorando, pude encontrar la felicidad plena. Ya no más sentimientos, nunca más voces que me hablen, no más fantasmas diciéndome qué hacer; porque por fin soy libre. Libre de vivir mi propia vida, mi propio sueño, mis propias alegrías, mis propias y verdaderas sonrisas. No más lágrimas con las que atragantarme, no más problemas que resolver, no más de nada y, por fin, mucho más que sentir. No más respirar, porque eso no siempre es vivir. Por fin puedo volar, ser ave, ser espacio, un brillo más en el cielo. Soy luz, soy lucero. Hoy que tú miras hacia arriba buscándome entre las nubes, entre los rayos del sol y lloras mi recuerdo, sé que dentro de ti sabes, debajo de todo ese dolor, dónde reina la razón, dónde no se mezcla el amor; en ese lugar sabes que soy feliz, que por fin me he encontrado con mi alma. Ahora puedo conocerme, puedo sentirme, puedo amarme, mirar mi reflejo y por fin quererme. Hoy que soy ese triste recuerdo, me siento más viva que nunca. Soy pluma que baila con el viento, me peina el aire mis costillas desnudas sin grasa que las cubra. Me aman porque amo, pero me aman más porque puedo sentirlo. Por fin soy caricia, soy beso, soy voz. Sé que soy lágrimas de corazones que en algún momento sanarán. Pero basta ya de hablar de mí, quiero empezar a vivir porque hoy por fin soy feliz.

  • SER LUEGO HACER

    Que el infinito se apodere de tu voz, que tu voz se apodere de tus actos y que esos actos sean sentimiento. Sentí, volá, brillá, por fin imaginá. Creé, soñá, amá. Saltá de alegría o derrumbate en llanto, sé blanca, sé morena. Sé una de cal, una de arena. Sé dulce, sé amarga. Regalá sonrisas, regalá te quieros, rompé corazones, pero en algún momento ocupate de repararlos. Si es necesario mentí, pero creéte esa mentira para que la verdad no duela tanto. No te arrepientas de lo que hiciste, pero siempre pensá dos veces antes de hacerlo. Sé arriesgada, pero consciente. Sé vos misma, sé la gente. Perdete entre la multitud, pero sabé brillar. Sé sol, sé luna, sé estrella y, si querés, sé un planeta. Pero nunca dejes de ser y siempre sé lo que quieras, que nadie te imponga sentimientos, alegrías o tristezas, que nadie te imponga gustos o disgustos, que nadie te imponga nada para nunca dejar de ser libre de vivir.

  • CAMBIOS

    Los cambios son buenos, te sacan por un momento de tu ser íntegro y te impulsan a ser un poco de eso que tal vez anhelas pero tienes oculto. Los cambios son buenos, te hacen ver mejor, más de algo que no sos pero estás dispuesto a ser. Los cambios son buenos en tanto sepas que no son tu verdadero yo. Los cambios hacen que te animes a ser más vos mismo sin tener que cumplir tu verdadero rol en esta vida. Los cambios son buenos, mientras sean para sentirse más seguro. Cambiar es bueno en tanto no afecte tus virtudes.

  • QUIERO

    Quiero llenarme de tu cultura, de tus conocimientos, de tu filosofía de vida. Quiero hundirme en tu boca, embriagarme con tus besos y ver el horizonte en tus ojos. Quiero escuchar más palabras, sin importar la coherencia, solo porque amo el sonido de tu voz. Quiero tirarme en la cama y que tapes, que cubras cada parte de mi cuerpo con tus brazos. Quiero que te hundas en mí, que me ames como a nadie y aunque solo te haya conocido ayer, quiero que me hagas el amor infinitas veces. Porque te amo y esto que siento, tan pasional, tan al rojo vivo, tan mío, tan tuyo, no lo puedo contener. Quiero morirme en tu piel.

  • OTRA CURSI HISTORIA DE AMOR

    La lluvia empapaba mis pestañas cuando lo vi corriendo hacia la parada del bondi. Llevaba un par de maletas negras, vestía un sobretodo oscuro y un paraguas tapaba su rostro, que parecía ser tan gris como las nubes que cubrían el celeste del cielo; sus ojos estaban irritados y cansados de tanto llorar. No era un hasta luego, sino más bien un adiós. Nos separábamos, y para siempre. Adiós a su sonrisa mañanera, a sus enojos de los domingos por la noche, a los reproches del almuerzo al ver la tan poco apetecedora ensalada de verdes con rodajas de tomates y un churrasco o pollo. Simplemente adiós a su presencia. Mil y una veces me pregunté cómo viviría sin él, sin la compañía de sus desafinadas canciones, sin sus chistes que poca gracia me causaban y sus repetitivos comentarios de mal gusto. Cómo no escucharlo nunca más quejarse de los problemas políticos de hoy en día; no tener que soportar el cacareo de las gallinas cuando por fin ponían huevos los domingos. Se me hacía tan difícil sobrevivir a las interminables discusiones de dónde pasar la tarde de los sábados. Shopping, una tarde al aire libre, ir de paseo de fin de semana, recorrer museos de Buenos Aires, etc. Cómo extrañaría sus insufribles ronquidos de todas las noches, sus charlas con nadie casi llegando a la madrugada y ver su cara al despertar todas las mañanas con un nuevo look en los cabellos y los ojos achinados, pero siempre con una sonrisa tan bella que me hacía distraerme del mal aliento que sentía con su primer beso del día. Qué fastidio saber que nunca más lo escucharía discutir con Manuel, su mejor amigo, sobre cuestiones laborales. Se me taladraba el cerebro de solo pensar que no tendría que escuchar sus caprichos cuando le hacía el nudo de la corbata y le acomodaba el cuello de la camisa. Me sentiría tan vacía y tan sola, sin nunca más escuchar aquella horripilante voz entonando

    estrofas de canciones de su grupo de música favorito en su escenario de cada noche, la ducha. Ese hombre era un fastidio: todos los días se quejaba de su trabajo, de la comida, de los problemas en el mundo, de todo lo que se le cruzaba por la mente. Lo odiaba, siempre era yo el punto para empezar una discusión. Discusión que me volvería loca si no las tuviera nunca más. Sin embargo, más me torturaba no volver a sentir sus manos tibias sobre mi cuerpo, sus abrazos, sus besos, su boca hablándole a mi oído. Jamás sentiría esa sensación de placer absoluto como cuando hacíamos el amor. La estúpida rutina que empezaba en una pelea en el sillón y terminaba entre las sábanas, o los momentos que solo se daban de vez en cuando. Esos días en que dejábamos volar nuestra imaginación. De todos modos, siempre, por más rutina que hubiera, o más la renovásemos, el ingrediente estaba. El amor. Éramos el uno para el otro, tan iguales y tan diferentes a la vez. Nos complementábamos mutuamente. Su ira con mi paz, mis llantos con sus consuelos, mi boca con sus besos, mi amor con su amor. Lo amaba; y cómo lo amaba, aunque en realidad no sé si lo amaba; porque hoy que ya no está conmigo, aún lo amo. Entonces sería más correcto decir que lo amo; y cuánto lo amo. Porque hoy que ya no está conmigo sigo sintiendo al pronunciar su nombre ese maldito cosquilleo que me hace abrir una canilla que, si pudiera, agotaría el agua del planeta Tierra en pequeñas gotas de tristeza mezcladas con angustia y un amor profundo e incurable que de solo pensarlo me quema por dentro. Es un agujero en el medio del pecho. Es como que te partiesen en dos el corazón frente a tus ojos. Todo era incurable y las ganas de llorar, interminables. Maldije una y otra vez su existencia, el haberlo conocido, el haberme enamorado tan profundamente de él. Pero agradecí siempre al cielo habérmelo encontrado, haberlo hecho feliz y haberlo amado o, mejor dicho, amarlo. Porque hoy que no está conmigo, que ya no me acompaña, que nos separamos por un bien mutuo… lo extraño.

    Mis tardes ya no son iguales, nunca más esas discusiones. Ni las típicas peleas que acompañaban nuestros diálogos del día a día. Dios, me lo arrancaste del todo, ni un cabello dejaste en mi almohada, no puedo oler su perfume de fines de semana. Ya ni recuerdo el olor de su desodorante que lo hacia tan masculino y lo destacaba entre tantos. Era único, él; pero no cualquier él, sino mi él. Era mi chico, mi amor, mi gordo, mi cosita, mi novio, mi pareja, mi comprometido. Era mi todo.

    ¿Por qué, por qué nos separamos?, ¿por qué la vida fue tan injusta conmigo?, ¿por qué hiciste que lo amase tanto?, ¿por qué se me hace tan difícil poder olvidarlo? Si era tan feliz, tan plena, tan viva, ¿por qué me lo arrebataste? Si no quería otra vida que no fuera al lado de él, si ambos éramos felices… Teníamos todo sin tener casi nada.

    Un apartamento pequeño pero espacioso y luminoso donde podíamos vernos crecer día a día mutuamente, un autito adonde dirigirnos a la hora de escapar de las bocas de la sociedad y unos pequeños sueldos que, sumados, hacían una fortuna para poder vivir sin más que lo necesario y darnos un pequeño gusto de vez en cuando, aunque más que nada había cariño, había poesía, había amor. Mucho amor, infinito; no importaban las barreras, las piedras, las trabas, todo lo que se nos interpusiera en el camino; estábamos juntos y éramos felices; y así vivíamos bien, sin presiones impuestas por la sociedad. Como todos, teníamos días duros, tristes y oscuros, pero sin decir nada, sin que ninguna palabra saliese de nuestras bocas; sabíamos lo que el otro pensaba, cómo se sentía. Y luego, en silencio, abrazados, no hacíamos otra cosa que mirarnos. No decíamos ni hacíamos nada. Solo nos mirábamos y así éramos felices. Y cómo nos mirábamos. Me quedaba sin palabras al verlo abrir los ojos cada mañana y navegar a través de esos mares calmos color celeste cielo que me daban tanta paz. Y esa sonrisa de dientes blancos en perfecta posición, era perfecto. Mi chico, mi rubio, mi amor. Sí, sé que aún lo es. Sí, es mi chico, mi rubio, mi amor. Era perfecto en cada paso que daba. Cuánto amaba los programas deportivos que compartíamos juntos. Mientras él miraba la televisión, yo aprovechaba para poner mi cabeza junto a su corazón y lo escuchaba latir; y qué lindo era verlo cada vez que me despertaba de esas tardes de televisión con una sonrisa

    y tener siempre esa conversación que me hacía tan feliz: “¿Qué mirás? ¿Estoy despeinada? ¿Tan fea estoy? ¿Tengo monos en la cara?”. Y él, sonriendo: “Nada, es solo que… te amo”. TE AMO, qué bien hacía sonar esas palabras. Las pronunciaba tan lentamente y era tan fácil ver de dónde salían. “Desde adentro a la izquierda”, me decía siempre que le preguntaba, y con su mano tocaba mi pecho y me hacía estremecer. Era amor puro. Como dije, éramos el uno para el otro. Encajábamos perfectamente, tan diferentes y tan iguales a la vez, y con un amor infinito que era más largo que contar las estrellas en el cielo.

  • MI YO ES SUYO 

    Lo conocí un día como en el que se fue. Gris, triste. Esos días que dan ganas de llorar. Y como era de suponerse, yo lloraba. La suerte no había tocado la puerta de mi casa y por mi cara llovían las desgracias. Qué días de oscuridad esos, sin nada que hacer ni decir. Solo quejas, quejas, quejas y más quejas. Pero él, de repente, como un ángel mojado por la intensa lluvia, apareció. Me extendió la mano, qué suave era, cálida. Era humana. Me llevó caminando bajo la lluvia hasta una cafetería, me acompañó hasta mi departamento

    y prometió llamarme.

    Éramos pura química. Nos pusimos de novios un 24 de agosto, era un día soleado y caminábamos hacia la plaza San Martín. Un día glorioso, había conseguido un trabajo excelente. Y todo gracias él, a su compañía, que me hacia sentir tan cómoda, tan persona, tan yo. Tan Gladys. Sí, ese era mi nombre, mi apellido no importa. Porque desde ese 24 de agosto mi apellido había pasado a ser Ramírez, su apellido era mi todo, y mi todo era él. Con el paso del tiempo, Nico vino a vivirse conmigo, acordamos pagar el departamento a medias, éramos como una pareja casada pero sin papeles, total, ¿quién quiere los papeles cuando lo único que importa es el amor? Nos amábamos o, mejor dicho, nos amamos. Luego de seis meses viviendo juntos, compartimos la cama; era un poco rara la relación con él, por el simple hecho de que, aunque supiéramos que nos amábamos, sentíamos

    vergüenza al mirarnos. Éramos tan extraños como pareja, pero no me importaba, porque yo más que nadie sabía que él era mi otra mitad.

    Y porque en pasado él es mi otra mitad y él me ama y yo lo amo. Juntos somos la naranja entera.

    Toda mi vida la pasé al lado de ese hombre. Desde mis 18 años hasta hoy, que tengo 25, estuvimos juntos. Nico se recibió hace dos meses y estamos planeando mudarnos a un country, y por fin formar una familia. Hace dos meses que me propuso matrimonio. Acepté ayer, así que empezamos con los preparativos hace poquito. Planeamos tener hijos y formar una hermosa familia. Tía Amalia ya está averiguando precios de flores, vestidos, y quiere ver ya qué me puede regalar. Mi suegra, Anastasia, está aterrada con ser futura abuela y don Norberto no ve la hora de jugar con sus pequeños demonios, como les va a decir a mis futuros hijos. Por mi parte, mamá y papá están ansiosos, mi hermano presentará en mi casamiento a su nueva pareja. Increíblemente llevan juntos casi dos años viviendo en Italia, planean casarse el año que viene y formar su vida allá. La gemelas están asustas y a la vez emocionadas, andan de acá para allá probándose vestidos acordes con el mío para no desentonar. La noticia provoca toda una revolución con todas las familias. Entre todos los parientes llegamos a ser unas 250 personas. Mi primos viajan desde lejos con sus hijos. Aunque no lo creas, la mayor tuvo cinco, Martina, Nacho, Mariana, Juan y Augusto; y la menor está esperando una niña que se llamará Amalia Estela. Nombres raros se le ocurre a esta gente. Nico va a conocer a toda mi familia, yo ya conozco a la mayoría de la de él, ya que viven cerca de casa. Será toda una fiesta. Él me lo prometió. Conseguimos fecha para el 30 de agosto. En una capilla donde su madre se casó. Pepa decidió regalarme las invitaciones y los souvenirs, ya que amaba la decoración y todo lo relacionado. Sinceramente, se pasó. La fiesta se daría al aire libre, en el country donde vivía Marcos, hermano de Nico.

    Decoró todo de blanco y crema, con jazmines y rosas. Y colocó velas por doquier. Era como estar en el paraíso, ya que el country se encontraba cerca del río. Asistieron todos muy formales. Mi vestido era estilo Marilyn y Nico lucía un traje blanco Su abuela dijo que parecíamos unos ángeles y su primo que nunca había visto a Nico tan feliz. Sofía, su mejor amiga y madrina de la boda, me confesó que al principio sentía celos de mi relación, pero que Nico siempre habló maravillas de mí y que yo era lo mejor que le pasaba en la vida. Patricio, el padrino de la boda, me abrazó y me regaló un diario donde le hubiese gustado que escribiese las páginas más maravillosas de mi vida. Me dejó en claro que era solamente eso. Como decía, el casamiento fue radical y la luna de miel, regalada por la familia de Marcos, excelente. Un mes; una semana en Disney, y luego conocimos a fondo los EE.UU. Pero lo más importante estaba con Nico, los dos solos. Nada mejor me podía pasar. ¡Ay, Nico, cómo TE AMO! Ese mes fue excelente. Lo viví a pleno y cada día que pasaba me daba cuenta de cuánto lo amaba y cuánto me amaba él a mí. SOY TAN FELIZ CON ÉL A MI LADO…

    Tuvimos cuatro hijos, mis tan esperados trillizos, y a Juana Renata Ramírez. ¡SOY TAN FELIZ CON ELLOS! Los trillizos nacieron un 4 de abril, los llamé Pedro Cristóbal, Juan Bautista y José Benjamín. Se llevan dos años con Juanita. ¡Son los cuatro tan hermosos! Mejor dicho, los cinco, porque Nico, aunque cada día, al igual que yo, envejezca, sigue siendo igual de lindo que cuando lo vi por primera vez extendiéndome la mano. Cada minuto que paso con el soy feliz, me siento viva, me siento una mujer nueva, me siento amada.

    Hace dos semanas los trillizos empezaron el Jardín. La maestra no los puede controlar, creo que va a enloquecer con esos payasos. Según mi suegro, son iguales a Nico cuando era un enano, y doy fe de que eso es cierto porque un día

    vimos unos videos de él, ¡ay por Dios, cómo me enamoré de él y de los que hoy son míos! Por el contrario, Juanita es tranquila como la madre. Mi suegra, encantada, ya que cada vez que la cuida la mima tanto… A mi padre se le hace agua la boca verla. Es como si empezasen de nuevo, dicen todos. Mi vecino dijo: “Esos duendecitos que trajiste al mundo son una fábrica de felicidad”.

    Las complicaciones de la vida. Juanita está en el Jardín y hoy festejamos el cumpleaños con todos los compañeritos de los trillizos. Qué locura, son muchos pequeños revoloteando por todas partes. Qué felicidad es ver tan contentas a las cinco personas que me hacen vivir, aunque Nico no da más, los chicos no son su fuerte. Sin embargo, Juanita lo puede, es la nena de papi. ¿Y yo? Yo soy su mujer. Soy tan feliz… Hoy cumplimos veinte años de casados, toda una fiesta; o eso creemos. Tuve un pico de presión y hace ya tres días que no como ni un bocado. Mañana se va a cumplir una semana desde que estoy en cama. Es un horror sentirse así, tan inútil, y tener preocupados a todos. Los doctores no detectan nada malo en mí, pero yo me siento muy débil. Lo único que me mantiene con ganas de abrir los ojos son mi hermosas criaturitas y Nico; siempre al lado mío. Y sí, lo había prometido, me iba a proteger tanto en la salud como en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe. ¿Hasta que la muerte nos separe? Qué poco te queda Nico para ser fuerte, para seguir cuidándome. Ya no voy a ser más un problema en tu vida, porque vos y yo sabemos qué poco me queda en este mundo. Pasaron tres meses y me estado empeoraba, pero no había nada que revelase ninguna enfermedad. Los doctores ya nada podían hacer. Mi cuerpo era un escarbadientes, estaba pálida y ojerosa. Dormía poco y nada, no tenía defensas, me sentía un vegetal. Vivía por el simple hecho de tenerlo a Nico a mi lado y saludar a mis hijos todos los días.

    Pero una mañana, como en la que lo conocí, fría y oscura, una mañana típica de invierno, mis signos vitales bajaron, ya ni respirar podía. Los latidos de mi corazón eran casi nulos. Veía a la muerte entrando a la puerta de mi habitación.

    Y así fue: en la oscuridad donde nadie me veía, por las sombras de entre las ropas salió una hermosa mujer. Me dijo que era hora, que no había manera de vivir sin sufrir, que ya no podía seguir matándome y matándolo mas. De repente abrí lentamente los ojos y lo vi a Nico en un estado tan deplorable como el mío. Con la piel blanca, ojeras, los ojos cansados y tristes. A través de esos ojos cristalinos se veía una tormenta que rompería más de un corazón. Fue así como supe que ya nada me quedaba, que debía dar un paso al costado. Era necesario saltar, aunque no quería tenía que cerrar mis ojos y decir adiós para siempre. Y así lo hice. Te dejo mi máximo reflejo que será cuando te mires al espejo, porque yo me entregué a ti y nunca me voy a ir, porque mi corazón siempre fue y será tuyo. Te dejo a cargo el regalo más lindo que construimos: mis niños, mis amores, mis pichones. Velos crecer, que mi alma los acompañará siempre. Enamórate de nuevo, amor mío. Permití que alguien pueda hacerte feliz, que yo siempre voy a estar a tu lado. Pero esta distancia que tenemos no me permite hacerte feliz como en verdad deberías serlo. Hoy cierro los ojos para que tú abras los tuyos, para que salgas a la vida y florezcas de nuevo. Para que sigas el camino sin mi presencia física, pero siempre con mi alma en tu pecho. Te amo Nicolás, y cuánto te amo.

    ¿Por qué me alejaron de ti? ¿Por qué nunca vivimos en el mismo mundo? Las distancias se alargan y mi tiempo se agota, mi pulso es limitado y mis ojos ya no pueden estar abiertos. Te amo Nicolás, y cuánto te amo. Porque, aunque estemos físicamente separados, yo siempre seré tuya y te espero toda la eternidad para que la vida te lleve hacia mis nuevos pagos. Te amo Nicolás, y cuánto te amo, amo a mis hijos y cuánto los amo. Amo la vida que tuve con vos y siempre la voy a amar, porque, aunque te hayas ido de mí, yo siempre voy con vos.

    Ahora estoy enterrada tres metros bajo tierra y te miro desde una nube y me pregunto una vez más por qué me separaron de ti.

  • SOFÍA 

    Hoy cumplís 15 años, ya pasó bastante desde la última vez que ti vi. Seguro que estás enorme y bellísima. Hija mía, no hay día en que no piense en cómo vas a ser de grande. ¿Serás tan hermosa como tu padre, con la cara de tu madre, a qué parte de la familia te parecerás? Hoy hace quince años que decidí dejarte formar un futuro mejor, y hoy que ya pasaron quince años juro que no me arrepiento de haberlo hecho, aunque hoy que ya no te tengo en mis brazos, ni puedo disfrutar de los mejores años de tu vida con vos, sé que hice lo mejor. Tal vez te preguntes ¿por qué?, o simplemente no quieras ni verme; tampoco sé si algún día esta carta llegará a tus manos, pero sé que vale la pena escribir estas palabras para que conozcas tu historia, y el porqué de este amor tan lejano que tuvimos que tener. Hija mía, te nombro así porque no sé tu nombre, en el expediente figurás como Sofía, pero tu familia seguro que te ha puesto un nombre tan bonito como vos; no sabés cuanto te extraño, no hay un solo momento en el que no piense en vos, en tenerte de nuevo en mis brazos y sentir tu piel suave sobre mi pecho. Sos mi gran alegría, sos mi princesita; así te llamaban en la clínica cuando eras un bebé, tan hermosa y minúscula, con tus ojos transparentes y lagrimeantes. Eras tan hermosa, mi niña. Hoy quiero que sepas que aunque hayan pasado quince años, y aunque no los haya podido compartir con vos y hoy esté muy lejos de tenerte tan cerca, y me haya perdido los años anecdóticos de tu vida, cuando aprendiste a caminar, a hablar, a ir al baño solita, tu primer día en el Jardín, tu primer día en el primario y en el secundario, tu primer beso, tu primer novio; tu primer todo, sé que estuve lo mas cerca tuyo posible porque jamás me alejé, siempre te llevé en el corazón. Pero antes de que las lágrimas manchen estos papeles y las personas de la clínica pregunten por mi estado, te voy a contar la historia de tu vida; esa historia que tal vez responda a tus dudas; aunque lo más importante es esa historia que nos une a las dos.

    Espero que después de leer estas líneas me puedas comprender, y algún día puedas quererme un poco. Tenía la misma edad que vos tenés hoy cuando quedé embarazada de vos, era una nena, una adolescente, no sabía lo que era tener un hijo y mucho menos todo lo que sufriría los años siguientes. De tu padre, o como quieras llamarlo, estaba enamorada; él era tres años mayor que yo, nos habíamos puesto de novios hacía ya casi dos años y medio, éramos muy felices juntos. Ese año tuve mi primera experiencia sexual, la más hermosa de las sensaciones después de tenerte a vos; por suerte nada pasó, nos cuidamos y tomamos todas las precauciones que teníamos que tomar. Pero cuando llegamos al séptimo mes del tercer año, algo en mí había cambiado; mi estado de ánimo, mi cuerpo, ya no me indisponía más. Con Diego estábamos aterrados, no sabíamos qué hacer, qué decir, estábamos perdidos. Diego estaba estudiando medicina en la UBA, así que poco nos veíamos, aunque los dos asumimos cada cual por su parte la responsabilidad en la que nos habíamos metido; yo terminaría el año, él seguiría con sus estudios y ambos te cuidaríamos los nueve meses que te tuve dentro de mi vientre. Fueron nueve meses increíbles; aunque estaba hecha una vaca, era impresionante verte crecer dentro de mí, cada ecografía era una obra de arte, Diego te miraba maravillado. Cuando venía a visitarnos y se quedaba a dormir en casa, esperaba que yo me durmiese y luego te daba besos, te hablaba y te cantaba a vos. Tu padre estaba enamorado de su hijita. Cuando el médico nos dijo que el embarazo sería normal y que nacerías sin problemas, todos nuestros amigos se enteraron del gran acontecimiento, era cada día a cada hora gente con regalos preciosos, para la pequeña reina; por eso, Sofía. Si te habremos llenado de amor hija mía, mi pequeña reina que hoy creció, y muchísimo, mi pequeña estrella; porque sé que eso vas a sacar de tu madre; lo presiento. En fin; lo meses pasaban y todos se habían encariñado con esa personita a la que ya poco le faltaba para conocer el maravilloso mundo que le esperaba. Pero en el octavo mes el médico nos comunicó a tu padre y a mí que había un serio problema en el embarazo, que recién habían detectado; tu vida y mi vida estaban en riesgo.

    Nos dijo que había pocas probabilidades de que yo sobreviviese al parto, y que habría que frenar el embarazo. ABORTO. Jamás, jamás le quitaría la vida a una pequeña que podía conocer y hacer una vida mejor que la que yo tuve. Mi respuesta instantánea fue: el show debe continuar; nadie sabría nada; sería un secreto entre tu padre, vos y yo. Decidí continuar con el embarazo y dar a luz a esta bella personita. Llegó la hora en la que rompí bolsa; estaba tan nerviosa; lo único que le pedí al Señor fue que viviésemos las dos solo para verte una vez y tenerte entre mis brazos y comprobar yo misma que mi hija estaba bien; y así fue. Estuvimos un mes en la clínica, ya que yo estaba muy débil. Diego, su familia, mi familia y nuestros amigos estaban siempre al lado tuyo. Pero pasaban los días y mientras vos, mi querida hija, mejorabas y gozabas de una salud perfecta, yo empeoraba, no comía estaba ojerosa y pálida. Era un zombi, pero un zombi tan feliz, que tenía a su lado el mejor regalo de todos, a su amor y a su hijita. Y las horas siguen pasando y solo tengo fuerzas para mirarte; ahí, tan pequeña, tan minúscula, tan hermosa, tan…

    Tan igual a ella, con sus ojitos brillantes, con su calma que me tranquilizaba cuando veía todo en colores negros y su forma de dormir. ¡Ay, mi querida hija, hice una promesa con el dolor que llevo en el alma, hoy que hace 15 años que decidimos darte la felicidad! Tu madre pidió que te diésemos en adopción, si ella moría, para que yo pudiese formar una nueva vida; y no estar atado a una pesadilla eterna. Mi querida niña; decidimos esto porque yo no era el indicado para sobrellevar una familia sin mi amada. Y sabía que jamás te podría dar nada bueno. Sin tu madre, hubiese sido el peor padre de todos, mi querida. Es por eso que decidí que no verte mas sería lo mejor para vos, aunque a mí me doliese en el alma. Seguro que hoy, mi querida reina, estás hermosa luciendo un vestido blanco de princesa, así soñábamos tu fiesta con tu madre. Y hoy sueño con bailar el vals con vos, mi querida mujercita. Hija nuestra, hija de mi amor, mi hija hermosa de la que no me arrepiento de haberle podido dar un mejor futuro; hoy estoy lejos de ti, pero tan cerca a la vez; porque, al igual

    que tu madre, te llevo en el corazón, y no hay día, hora, segundo, milésima de segundo que no deje de pensar en vos. Guardo conmigo las fotos de cuando estabas dentro de tu madre.

    “¿Vio? Ese pequeño punto negro, eso es su futura hija”. Tan hermosa mi niña, las miro todos los días y vuelvo en el pasado a recordarte y recordarla. Mi amor, cuánto te extraño. Hoy te vas y yo hablo a futuro; pero sé que es así. Hoy, también, cumplís 15 años, mi querida reina, y hoy te estás enterando de la historia de tu vida, de tu madre que dio la vida por ti, que te dio la oportunidad de ser quien sos y de un padre a quien el dolor de no tenerla cerca y no saber qué hacer con su vida lo hizo fracasar y entregarte a un futuro mejor, lejos de él. Hoy, mi niña, estoy seguro de que sos una personita excelente, llena de proyectos, y hoy, mi reina, te enterás de que tu familia te sigue amando. Hoy sabés que alguna vez fuiste Sofía. Hoy sabés tu historia y sabés que te amo.

    Papá y Mamá                                                                                                                             

    Sofía, vos tan pequeña y yo tan grande, tocando la muerte, te pido perdón, porque ni tu madre ni tú padre ni yo nos hemos podido hacer cargo de vos. Luego de terminar esta carta, tu padre murió de dolor y yo ya no resisto.

  • PISICOLOGÍA

    Señorita Maldonado, por favor, pase al consultorio, el doctor Bravo la atenderá en un minuto, dijo la secretaria y me abrió la puerta, indicándome que me sentase en una silla. El lugar era enorme, con un ventanal por donde se podía apreciar el precioso atardecer de la ciudad de Buenos Aires; a la derecha el obelisco y por doquier el dulce e insoportable sonido de los autos que pasaban por la 9 de Julio. El consultorio tenía una enorme biblioteca repleta de libros que parecían imposibles de leer; un diván a la derecha miraba al ventanal; detrás un sillón de cuero, y a la izquierda, casi pegados a la biblioteca, dos sillas y un escritorio repleto de papeles. Podría decir que era un lugar acogedor. Había estado parada ahí unos cinco minutos. El doctor Bravo era muy puntual, por eso me resultaba raro que me hubiese hecho esperar. Lo conocí en una muestra de pintura de vanguardia que había organizado un colega mío con mi ayuda. Compró un retrato mío, que había hecho mi colega cuando recién empezaba a involucrarse en el arte, y fue ahí cuando me dio su tarjeta. El doctor Bravo era un hombre alto, de una espalda amplia, no muy musculoso. Parecía joven, no lo sé, unos 35 tal vez, tenía una mirada profunda y una boca llamativa, era un hombre peculiar. “Maldonado, ¿Mariana Maldonado?”, preguntó con una voz varonil que endulzó mis oídos. Sí, contesté un poco asustada, un gusto. El doctor Bravo: “Por favor, échese en el diván”. Me recosté en ese enorme sillón de cuero y me pidió que mirase al ventanal para disfrutar del atardecer. “Siento haber tardado tanto, es que usted es mi última paciente y le pedí a mi secretaria que se fuese, que me encargaría de cerrar yo el consultorio”. Me quedé callada. Entonces dijo en un tono de voz suave y calmo: “Empiece con su problema, que yo la escucharé”. “Bueno, doctor Bravo, todo comenzó hace un par de semanas, luego de una exhibición de

    arte en la que yo había participado. Llegué a mi casa súper exhausta, con ganas de derrumbarme en la cama. Allí me esperaba mi novio, Justo; hace tres años que salimos; lo conocí en un viaje de estudio y nos enamoramos; entonces él se vino a vivir a Buenos Aires y luego de dos años de no concretar pareja, decidimos formalizar y vivir juntos en mi departamento. “Bueno, como le decía, Justo me esperaba en el departamento. Era muy tarde y ya estaba acostado, pero, como todas las noches, nos entretuvimos hablando de qué habíamos hecho en el día, ya que lo veo muy poco porque el trabaja por la mañana, y de tarde vende artículos de electrónica por Internet. La charla iba muy poco entretenida hasta que me tomó de las mejillas y casi lagrimeando me besó profundamente y me dijo que me amaba, que yo era su razón de vida y que quería seguir a mi lado para siempre. Yo lo tomé también de las mejillas, lo miré a los ojos, le dije que lo amaba y lo besé. Fue ahí cuando él se alejó de mí, respiró profundo y me dijo que había llamado Martín Stramagoli. “Y usted se preguntará quién es ese tal Martín. Antes de venirme a vivir a Buenos Aires y conocer a Justo, yo me había enamorado profundamente de un muchacho que no valía ni dos pesos, me usaba, era su paño de lágrimas, su fuente de vestimenta y alimentación, y llegue a ser su transporte. Martín se había hecho dueño de mi vida y yo odiaba eso. “Era verlo y sentir una mezcla de odio y un profundo amor que me hacía estremecer, pero el tiempo nos separó y, como le dije antes, doctor, tiempo después conocí a Justo que me saco de ese romance abismal y me enseño a amar, pero más que nada me hizo sentir amada, libre y me regaló la confianza para mostrarme tal cual era como persona, me enseñó a ser pura, a ser yo misma, y fue por eso que nunca le oculté nada y le conté mi historia con Martín y lo mucho que había sufrido con él y por él, y que por eso me costaba mucho confiar en los hombres y, mas que nada, volver a enamorarme. Sin embargo, Justo lo logró, me encegueció con esa mirada profunda color mar, pero, sobre todo, me entregó su corazón. “Me dijo que Martín había llamado porque quería verme, que había aprendido la lección, que se había dado cuenta de que yo era el amor de su vida, que siempre fui su incondicional y él nunca lo había visto, y que no iba a permitirse perderme”.

    Luego de escuchar estas palabras, rompí en llanto. El doctor Justo me abrazó fuerte y me pidió que lo viese, que él había sido muy importante para mí y que la única forma de no traicionar a mi corazón era ver qué me pasaba con él. Me dijo al oído que hiciésemos el amor, como nunca antes lo habíamos hecho, me abrazó y comenzó a besarme, y mientras me acariciaba con su nariz mi oreja, me dijo con una voz apagada que si pensaba en Martín mientras estaba con él, que cuando le hiciese el amor a Martín pensase en él. Cuando dijo eso, lo miré asustada, y me preguntó si sentía que hacer el amor con Martín estaba bien; también dijo que él me amaba y que iba a aceptar cualquier decisión que yo tomara, porque para él el amor era la felicidad plena del otro, y si mi felicidad plena era Martín, la mejor forma de demostrarme cuánto me amaba era haciéndose a un lado. “¿Y, doctor, ¿qué opina usted?”, le pregunté asustada y me levanté del diván, pero sin mirarlo, ya que mis ojos estaban hinchados y cristalinos. Fue ahí cuando sentí sus manos masajeándome el cuello, y cuando estaba por darme vuelta para darle una bofeteada, me acercó contra él y me besó. Ese minuto fue eterno, y el pasado que había enterrado salió a la luz: era Martín Stramagoli, era el amor de mi vida, y lo tenía de nuevo conmigo. Me presionó contra él y me sacó poco a poco la ropa; sentí sus manos apretando mi cintura, y entonces me solté y caí al suelo llorando. Me tomó, me dijo que me amaba, que estos años sin mí habían sido una tortura, que estaba solo y no era nadie, que por mí era el doctor Bravo que es ahora. Me pidió que no lo dejase, que me iba a devolver los años de amor que yo le había brindado, y me besó de nuevo. Hicimos el amor como antes; lo recordaba, era perfecto en la cama y encontraba mi punto justo para hacerme suspirar. Me volvió a enamorar. Pero justo cuando estaba por besarlo de nuevo, la voz de Justo se cruzó por mi cabeza, y los buenos momentos que había vivido con él me llenaron el corazón. Se me dibujó en la cara una sonrisa y mis ojos comenzaron a lagrimear. Tomé a Martín entre mis brazos, lo abracé, le agradecí por esa noche y por los buenos y malos momentos que habíamos vivido juntos, y le dije que mi felicidad plena no era él, que no quería volver a sufrir y sentirme miserable y que ya no era parte de mi vida, sino un buen recuerdo. Salí corriendo del consultorio, tomé el bondi que me dejaba en la puerta del departamento,

    subí corriendo las escaleras, abrí la puerta y escuché el ruido de la ducha. Era Justo, que estaba tomando su baño habitual. Sin pensarlo, me metí en la ducha con él y lo besé con pasión, le dije que lo amaba y que él era mi felicidad plena.

  • NO SENTIRSE QUERIDO 

    No tenía nada hasta que llegaste tú. No me sentía querido hasta que iluminaste mis días. Supe que algún día vendrías, Pero jamás imaginé que así me dejarías. Y esa vida, es vida que se fue con un sueño, De ser tú y yo por siempre los dos. Ahora solo por las noches estoy, En un cuarto vacío, solo y sin amigos Y vos no estás aquí conmigo. Las mañanas no son las mismas Y las noches ni te las imaginas, Las tardes de soledad duelen desde que tú no estas. Y aunque sé que un lugar mejor tú estás, No acepto que te hayas ido. La gente se burla porque te he perdido. Pero nadie sabe lo que es… NO SENTIRSE QUERIDO

  • ÉL QUE YO ELEGÍ 

    Te conocí porque sí y porque sí me enamoré de vos. ¿Será que los astros se pusieron de acuerdo y se unieron para juntarnos? En fin, era una noche de calor y la música estaba demasiado alta como para escuchar las palabras que salían de tu boca que pretendían conquistarme, y el lugar era lo bastante oscuro como para poder perderme en una multitud de ineptos bailarines que se encontraban hechizados bajo los efectos del alcohol. Apenas alcancé a ver tus ojos, que nada tenía en particular pero que me atraparon de repente y me dejaron atada a vos. Me fui sin dejarte más que un par de números, por si querías llamarme. Era el mediodía de otro día y apareciste otra vez, me hiciste una invitación difícil de rechazar, pero no tuve opción y me negué a volver a verte, al menos por ahora. Te prometí que a la noche nos veríamos en un pequeño y tranquilo bar, pero mis planes cambiaron, ya que un pequeño fantasma de ojos claros se cruzó en mi camino y se apoderó de mi ser, haciéndome suya solo por un momento.

    Pero mientras más pensaba en ese fantasma, más pensaba también en vos y no dudé ni un minuto en cruzarte de nuevo, abrazarte y besarte suave, como lo hicimos la otra vez en la oscuridad. Pero por esas casualidades de la vida hubo entre nosotros un pequeño cortocircuito que hizo que por un par de días nos separáramos. Pero cuando mis cables se arreglaron y por fin decidí entregarme completamente a vos, no resistí y volví a buscar una vez más un beso de tu boca. Y así fue. Un escalón arriba nos encontrábamos, yo sentada en tu falda y tus manos que rodeaban mi cuerpo, tus labios que chocaban contra los míos; nos besamos una vez más suavemente y el tiempo se hizo eterno y ese beso infinito. Pero todo tiene un final y ese beso tuvo su fin. Quedamos en encontrarnos una vez más, y así fue como te encontré, me tomaste de la

    cintura y me llevaste hacía un lugar más privado, más tranquilo y más fresco, me abrazaste y me besaste. Fue un beso profundo, suave, como lo solés dar vos, pero este beso fue diferente. Mientras tus ojos una vez se hundían en los míos y tu boca chocaba con la mía, me preguntaste por qué no te besé en el primer encuentro. Pregunta que hoy, que todo se acabó y ya no te tengo cerca, te voy a responder. Porque no quería enamorarme, porque sabía que sería imposible amarte, porque sabía que cada segundo sería mágico, porque sabía que vos ibas a ser mi amor de verano, porque hoy, cuando cada cual hace su vida y te fuiste y yo pretendo haberte olvidado, te extraño. No tenerte cerca, no sentir tus brazos, no perderme en tus ojos, no besarte más y nunca más escuchar tu voz. Porque sabía como íbamos a terminar, vos con tu vida normal y yo fingiendo que fuiste uno más.

  • CÓMO SI FUERA AYER 

    Esta es la historia de un amor, el amor de mi vida podría decir; además, esta es la historia de mil tristezas y de mis tristezas. No es una historia larga y dudo mucho que tenga un final feliz, ya que él no tiene corazón y el mío está roto en mil pedazos. Voy a empezar desde el maravilloso día en que lo conocí: fue hace unos cuantos años, y hoy todavía recuerdo cómo vestía, una remera blanca de Quicksilver y unos pantalones oscuros, hermosos, aunque su ropa no fue lo que me atrapó. Era una noche en un boliche de mi ciudad, y mientras bailaba con una amiga vi entre una multitud de muchachos una espalda enorme, acogedora, que me cegó. Era única, y él es único. Lo que pasó después, mucho no importa; lo que sí voy a rescatar es que él era el novio de una amiga; entonces decidí hacerlo a un lado y no fijarme en un muchacho ocupado. Pero el tiempo, poco a poco, nos fue uniendo cada vez más, y milagrosamente ellos se separaron y yo me fui enamorando, y tan enamorada estaba que un día le dije a un amigo que moría por él, pero más que nada moría por besarlo, abrazarlo y que por un minuto fuese mío. Prometió que mi sueño de tenerlo entre mis brazos se iba a cumplir, que iba a besarlo y que por unos minutos él iba a ser mi hombre. Y gracias a la vida o, mejor dicho, gracias a Agustín, lo conseguí. Estábamos solos, en la cocina de mi casa, recién salíamos de la pileta, así que podría decir que estábamos semidesnudos. Por alguna razón nos abrazamos y después de un pequeño jugueteo con nuestras narices terminamos besándonos. Fue tan intenso, tan lleno de fuego, de amor, de pasión. Nos besamos por toda la casa, hasta que terminamos abrazados en el sillón del living comedor. Me había enamorado, seguro que así era, me había enamorado de él, de sus besos, pero más que nada de la forma en que recorría mi cuerpo con sus manos; suaves y con fuerza, me

    presionaban contra él tan fuerte que casi formábamos un solo ser. ¡Qué hombre con el que me había topado, único y hermoso en cada uno de sus aspectos! Por desgracia, con el tiempo lo fui conociendo y vi que él no era el hombre que había soñado, no era el príncipe de mis cuentos de hadas; y así como vino ese maravilloso momento, se fue, se fueron sus besos, sus caricias, sus manos suaves que recorrían mi cintura y claramente es ahí donde mi corazón se partió en mil pedacitos. Y es en esta parte de la historia donde robaré una frase con la que, al escucharla, me sentí identificada: “No soy con exactitud una chica fatalista”. Claro que no, que no soy así, porque no me iba a ahogar en mi propio vaso de agua y mucho menos iba a permitir que él escribiese mi historia. Y eso pensé hasta que, como dice Rodrigo, “con chamuyos elegantes me pintó el mundo al revés, para que siempre lo banque…”. Y así fue como me volvió a enamorar, y otra vez fue mío o, mejor dicho, yo fui suya. Otra noche mágica que iluminó mi vida, le pedí que me besara con pasión, como si fuera la primera vez, y así lo hizo, me tomó entre sus brazos, me presionó contra él, me besó el cuello, las mejillas, y se apoderó de mi boca. Pero otra vez se fue y esta vez no se fue solo, sino con otra. Una vez más mi corazón volvió a partirse en mil pedazos; verlo caminar de la mano con esa mujer, tan completa, tan hermosa como él, pero era obvio que no lo amaba como yo, se notaba que no se moría por sus besos y porque la apretase contra él y le hablase al oído como lo hacia conmigo cada vez que le decía que lo amaba. Pero con él yo tengo un círculo vicioso, y siempre vuelvo a tropezar con la misma piedra. Al principio fue sin quererlo, solo ocurría, pero luego el juego ya se volvió parte de mi vida y se me hizo una adicción, y cada vez que buscaba por qué llorar, iba a él pidiéndole que me amara y luego corriera como siempre lo hacía. Y entonces fue cuando me di cuanta de que tenía que ponerle freno a este masoquismo que se estaba apoderando de mi vida, y dije basta. Pasaron varios meses de desearlo, de llorarlo, de maldecirlo y de amarlo en secreto, varios meses en los que tuve que resistirme a la tentación más grande de mi vida. Y cuando ya estaba casi curada y mi corazón remendado, el galán aparece de nuevo en mi vida ofreciéndome una mentira que no pude resistir. Una vez mas me volvió a besar como

    antes, a recorrer mi cuerpo, pero esta vez fue diferente, me abrazó con más potencia, y fue claro que ese día más que nunca quería tenerlo cerca, quería besarlo, necesitaba besarlo, porque me atrapa esa forma tan apasionada que tiene de hacerlo. No sé si lo amo, aunque podría decir que así es, algo así es lo que me pasa cuando lo veo. Me arrebata mis sentimientos y se internan en mí esas ganas incontrolables de tenerlo conmigo. Es tan profundo, tan perfecto, tan él. Amo sus besos en mi cuello, cuando sus labios presionan bajo mi barbilla y siento que me succiona. Y cada vez que termina, me atrapan esas ganas inaguantables de querer verlo, de que sea como esa vez. LO AMO. Amo esos besos suaves que se dejan a llevar por la pasión que tienen nuestro cuerpos y se vuelven irresistibles; me besa con furia, con amor, lleno de fuego, y me acaricia como si intentara arrancar cada parte que toca de mi cuerpo. Me hace sentir libre, viva, siento que me desea, que me ama, y eso me asusta, pero a la vez me llena de intriga, y comprendo que debemos dar un paso más, y otro y otro. Tengo ganas de tenerlo entre mis brazos y desnudarlo, no solo con la mirada; quiero hacerle el amor una y otra vez y no parar nunca de besarlo y terminar dormida en su pecho, verlo despertar, una vez más chocar mis labios contra los suyos y dejarnos llevar. Pero tengo que entender que es imposible, que él no me ama, que no soy nada ni nadie en su vida y que no vale la pena soñar con una historia que nunca se podrá concretar. Lo sé porque lo siento, porque cada vez que lo tengo cerca me pongo nerviosa, los ojos se me cristalizan y tengo ganas de gritarle al mundo cuánto te amo, porque es así, y aunque vos no quieras verlo, yo estoy acá, esperando una vez más tropezarme con vos y poder besarte y que me hagas el amor como nunca nadie me lo hizo. Y aunque me veas de la mano con otro, yo siempre voy a ser tuya, siempre vas a ser el sueño de mi cuerpo, de mis besos, de mi ser, de mi corazón, de mi amor.

  • BARES Y CORAZONES 

    Una vez más estoy sentada en este bar recordando cuándo fue la primera vez que nos miramos a los ojos. Ambos sonreímos y tartamudeamos al decir “hola”. Una vez más estoy aquí, mi amor, secando mis lágrimas y robándome los versos más lindos de tus besos. Una vez más preguntándome ¿por qué? e intentando recordar el sabor de tus sonrisas, imaginando que siempre es 4 de abril y esperándote en esa mesa que miraba a la calle Santa Fe mientras te bajabas del 152 con un ramo de flores en la mano derecha. Suspirabas, mirabas el reloj y te peinabas para atrás. Una vez más estoy en esta mesa, desahogando mis penas en fondos blancos para luego ver cómo los peces se derriten mientras que el inepto del camarero me trae la cuenta, y me largo por fin de este maldito bar que me dejó atada a vos, mi amor. Pero hoy no es una de esas tantas veces que me siento a esperar si vendrás suplicando para que te perdone, como siempre lo he soñado. No, amor, no, hoy es diferente porque es la última vez que vengo a este maldito bar a compartir mis penas con mi cuaderno color azul en el que te escribo absurdos y estúpidos poemas que nunca nadie leerá. Hoy es un día especial, mi amor, porque ya pasó un año de ese maldito 4 de abril, y he tomado la inconsciente decisión de no aferrarme a este estilo rutinario de vida con el que he convivido gracias a la interminable espera de tu mágica y milagrosa aparición. Hoy, mi amor, es el último poema que te escribo, donde guardo lo que alguna vez sentí por vos. Hoy, mi amor, te dedico estas palabras idiotas que para mí ya no tienen sentido. Desde que apareciste en mi vida Mi corazón late fuerte Y no sabés que es por vos Porque simplemente encontrás las palabras justas para maravillarme Porque solo vos me conocés. Cuando te vas, se me da por llorar

    Sin saber que es tu presencia lo que necesito Para calmar este deseo de besarte Porque solo vos me conocés. Y encontrás las palabras justas Para hacerme reír. Me llevás a otro planeta, Necesito tenerte cerca. Desde que apareciste en mi vida Mi corazón late fuerte, Y ahora sabés que es por vos. Temo no escuchar tu voz y perderte Porque solo vos me conocés Y ahora que sabés que es por vos Quedate cerca, susurrándome al oído Que jamás te alejarás de mí Ya que solo vos me conocés. Lo sé, no es un gran poema, nunca elogiaste mi don de la escritura, siempre te burlaste de mi maldita y pésima cursilería que te regalaba cada San Valentín. Meses eligiendo las palabras justas para expresarte lo que sentía, ese amor tan profundo, tan inalcanzable que ni el mismo Shakespeare hubiese podido definir con su tan aclamada poesía. Y vos lo arreglabas con un simple “TE AMO”, mentiras las tuyas, y yo tan ingenua, esclava de tus grandes ojos negros, me dejaba arrullar por la hermosura de tu voz al pronunciar esas palabras. Maldito mentiroso, cuánto te amo, porque yo sí te amo, dejé mi vida en estas hojas, cada una de ellas explicando mí día a día en este bar que me refugia a la espera de tu llegada. Pero hoy, mi amor, es mi último día de esperarte, basta de escribirte cartas que nunca leerás, hoy dejo de ser la humilde Penélope que se pasó toda su maravillosa vida sentada en la orilla de un río tejiendo y destejiendo sus sueños. Hoy, mi amor, empiezo a ser yo otra vez yo, hoy…Te estoy viendo entrar con tu misma maleta al hombro, te estoy viendo con un ramo de flores y acomodando tus cabellos, y venís al bar, al mismo bar donde hace un año nos miramos por primera vez.

    Hoy, justo hoy, que dejé mi maldito y gastado cuaderno azul en casa y estaba decidida a empezar una nueva vida, hoy que había asumido el nuevo compromiso de regalarme a mí misma un poco de felicidad, te estoy viendo entrar por la puerta principal y venís directo a mí, y yo, que he tomado un poco más de lo habitual, que vi cómo se desvanecían más de dos pececillos en mi medida de Varón B, estoy aquí sin entender nada y viéndote venir hacia mí. Estás acá conmigo, cruzando miradas una vez más, como si fuésemos completos desconocido viviendo un maldito e indeseado déja vu. Me pongo torpemente de pie y me paro a un costado de la mesa sonriéndote falsamente, nos miramos una vez más, y yo, tartamudeando como la primera vez, te digo: —La verdad es que no sé cómo saludarte, si con un beso, un abrazo… —.Y vos, con tu odiosa elegancia y caballerosidad, me tomás una vez más de las mejillas, y llorando me besás con fuerza. Yo también dejo caer una lágrima, de odio mezclada con el amor profundo que siento por vos. Me mirás una vez mas y, sin dejarme abrir la boca, me volvés a besar, y una vez más, como todos los días, el incompetente camarero aparece arruinando este momento tan maravilloso que he esperado 365 días, diciendo: —Aquí está su cuenta.

    Pero esta vez sacás de tu bolsillo trasero un billete, le preguntás si alcanza y le decís: — Quedate con la propina —mientras apretás con fuerza la mano y me regalás una sonrisa sincera. Hoy, que estaba decidida a olvidar mis sentimientos, a convertir mi corazón en piedra y mis cálidas palabras en hielo, aparecés destruyendo todo lo que había planeado desde hace un año; llegás como si nada, arruinando mi psicología, mis noches de llantos y mis malditas amenazas de suicidio. Hoy, que por fin descubrí que no era necesario vivir atada a tu orgullo masculino, te aparecés como si nada hubiera pasado y, sonrojándote, me entregás este poema que te llevó un año escribir…

    Hoy, mi amor, que te he dejado ir, estoy sentada aquí preguntándome por qué lo hice. Y hoy, mi vida, que ha pasado un año de eso, no consigo la respuesta justa para contestarme la pregunta que ha venido atormentándome durante 365 días, y es por eso que hoy, mi amor, estoy en el 152 esperando verte… Así empezaba tu maldita carta con la que rompí en llanto, aunque lo que más me emocionó

    fue el estúpido poema que me regalaste, y del cual, cuando termine de sufrir este estado de shock, pienso burlarme eternamente.

    Mi amor que nunca encontrabas las palabras justas para explicar lo que sentimos, Que acudías al gran Shakespeare para que fuese tu musa inspiradora, Mi amor que solo te conformabas con que saliese de mi boca un simple TE AMO, Mentiras las mías, amor, tenías razón, Lo que a ti te llevaba meses escribir, a mí me tomó todo un año, Y hoy que ya he vivido otras experiencias, puedo decirte una vez más: TE AMO. Pero este no es un te amo cualquiera, me ha llevado un año volverlo a decir Y hoy solo lo puedo hacer cuando pienso en vos. Eso es amor para mí, Tu pelo, tus ojos, tu sonrisa, tus labios, tu cuerpo, Tu ser, lo que pensás, lo que decís, lo que sos,

    Mi amor, hoy te puedo llamar así porque sé que si mi corazón late es por vos. Hoy que ya pasó un año todavía guardo tu cursilería barata Por la cual pagaría millones si no la tuviera, Mi amor, verás que no soy una gran poeta Pero es lo que me hacés sentir. Y si hoy, amor, que ya pasaron 365 días desde la primera vez que te vi, no querés saber nada de mí, Te dejaré ir. Te agradezco por enseñarme a vivir Te maldigo por ser el dueño de mis pensamientos, Pero te amo solo por existir. Luego de leer esto, qué puedo decir. Estoy en este bar y he esperado 365 días por él. Y hoy, que estaba decidida a empezar de cero y volver a vivir, elijo retroceder el reloj, tomarte de las mejillas, besarte y jamás dejarte ir, porque nunca más esperaré 365 días por vos.